LA PRENSA UNIFORMADA

medios y dictadura

Todavía no se ha escrito la historia del componente civil del golpe militar del 24 de marzo de 1976. La dictadura fue alentada por grupos empresarios y elementos de la derecha política. ¿Qué papel jugaron los medios de comunicación?

El 24 de marzo de 1976 los principales diarios del país, casi sin excepción, le hicieron coro al golpe militar. Ello no sorprendió a la opinión pública porque era la continuidad de una “línea editorial” que se inclinaba por la “solución castrense” de los muchos y graves problemas argentinos, entre otras cosas por la fuerte presión de una sociedad aterrorizada por la violencia armada. Tres meses antes del golpe, los medios le dieron espacio relevante a la famosa “apelación” formulada en Tucumán por el general Jorge Rafael Videla, una exhortación puntual a derribar al gobierno de Isabel Perón, en uno de cuyos párrafos se lee: “El Ejército argentino, con el justo derecho que le concede la cuota de sangre generosamente derramada por sus hijos, héroes y mártires, reclama con angustia pero también con firmeza una inmediata toma de conciencia para definir posiciones. La inmoralidad y la corrupción deben ser adecuadamente sancionadas. La especulación política, económica e ideológica, deben dejar de ser medios utilizados por grupos de aventureros para lograr sus fines. El orden y la seguridad de los argentinos deben vencer al desorden y la inseguridad”.

A pesar de semejante confesión, algunos políticos insistían en ignorar tal amenaza. El 23 de marzo, el vicepresidente primero del Partido Justicialista, Deolindo Bittel, afirmaba: “No hay golpe, no creo que lo haya y confío en la sensatez de nuestras Fuerzas Armadas”. El helicóptero que trasladaría a Isabel Perón a su confinamiento ya estaba instalado en la terraza de la Casa Rosada.

Un día antes del golpe, Clarín editorializó sobre el episodio anunciando: “Se abre ahora una nueva etapa con renacidas esperanzas”. Dos días después, también en nota editorial, llegó a decir que, ya caído el gobierno de Isabel, “la acción de las Fuerzas Armadas se ha caracterizado por una ponderada precisión de la que ha estado ausente la prepotencia revanchista o la innecesaria utilización de la fuerza”. Por su lado, La Nación denunciaba diariamente que el gobierno justicialista se había convertido en una “suerte de monarquía” y que con los hechos militares del 24 de marzo se ponía en marcha “la rehabilitación moral y material de la sociedad”. En una especie de canje, el diario de los Mitre le reclamaba a la Junta encauzar el rumbo económico de la Argentina atendiendo el criterio de los grandes núcleos financieros.

Pocas fueron las voces de prensa que combatieron la inminencia del golpe. El 24 de marzo, las 62 Organizaciones -núcleo sindical del peronismo ortodoxo- publicó a toda página en Clarín una solicitada donde le enrostraba a la prensa su “silencio cómplice” ante la conspiración castrense en marcha: “El país asiste absorto a una de las más curiosas campañas de promoción golpista que registra a lo largo de toda su historia. Como respondiendo a un mecanismo sincronizado de relojería, casi todos los más importantes medios periodísticos, desde hace más de una semana, se hallan empeñados en una desenfrenada competencia por anticipar pronunciamientos, definiciones y cambios, alentando desembozada y desprejuiciadamente la ruptura del orden constitucional”.

El caso del matutino La Opinión tiene su miga. El diario de Jacobo Timerman, una tradicional isla del progresismo argentino, pudo sobrevivir un tiempo sin sobresaltos, hasta que la dictadura decidió “neutralizarlo” por considerarlo vocero de la “subversión”. Timerman y Enrique Jara, su segundo en el diario, fueron secuestrados. Timerman fue liberado tras casi dos años de cárcel. El 19 de marzo La Opinión informaba sobre la existencia de “un muerto cada cinco horas, una bomba cada tres” y advertía sobre la inminencia de un golpe de Estado.

Al día siguiente del golpe los quioscos de diarios de todo el país exhibían las tapas de los grandes medios, con títulos como éstos: “Intervención militar: la agonía del régimen ahogó los últimos intentos políticos de conjurar la crisis”; “Gobierna la Junta Militar”

“La Junta suspende la actividad política y el derecho de huelga”; “El general Videla fue designado presidente”; “Videla pone en funciones al nuevo gabinete”; “La Junta suspendió el derecho de huelga”; “La Junta Militar ya fue reconocida por 32 países”; “Asumieron el gobierno los tres comandantes generales”. Al mismo tiempo, habían desaparecido de esos quioscos todos los periódicos de izquierda o que cuestionaban la perspectiva de un golpe, algunas de cuyas redacciones ya habían sido allanadas por efectivos de las fuerzas de seguridad. Sin embargo , en medio de la confusión generalizada de los primeros días, se produjeron “filtraciones” como las que protagonizó la revista Crisis, que salió a la calle el 25 de marzo y pasó inadvertida para los represores, que 24 horas después corrigieron el “error” secuestrando los pocos ejemplares que todavía quedaban en venta. En esos días, también fue clausurada la revista Cuestionario, que en sus ediciones advertía sobre el peligro de un alzamiento militar.

Un común denominador de los procesos dictatoriales que se multiplicaron en el continente latinoamericano durante la década del 70 fue la monopolización de los medios masivos de comunicación. Mientras el comunicado número 19 de la Junta Militar del 25 de marzo amenazaba con severas penas a quienes criticaran el nuevo orden vigente y los comandos militares ocupaban los directorios de las publicaciones, los diarios La Razón, dirigido por el Ejército, y La Prensa, se transformaban en una eficaz herramienta de cooptación ideológica. Sus páginas reproducían solicitadas firmadas por “Acción Patriótica Argentina”, entre otros núcleos de extrema derecha. Una ignota “Liga pro comportamiento humano” difundía a toda página, en los grandes diarios, consignas sobre la “normalización” del país gracias a los militares. A medida que, apelando al terror extremo, la dictadura se consolidaba en el poder, el miedo se extendía en la sociedad, impregnando las redacciones -donde ya superaba el centenar el número de periodistas asesinados- y golpeando con fuerza a las empresas periodísticas. Hoy, a 25 años de la estampida militar, releer los diarios de aquella época es como viajar en un túnel donde la memoria sigue allí, intacta. La lectura de esos diarios no sólo desnuda el comportamiento de las Fuerzas Armadas, también descorre el velo del apoyo civil que las acompañó, con el propósito de imponer un modelo económico también entonces dictado por los grupos económicos multinacionales.

DOSSIER: A 25 AÑOS DEL GOLPE. (Revista 3 Puntos, Nº 197)

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