Ondas de amor y paz, Kirchner compra por decreto el silencio de los grupos multimedia

Esto pasaba sólo cuatro años antes del tenso debate sobre la radiodifución en Argentina a propósito de la Ley de Serviciós de Comunicación Audiovisual.

Primera entrevista cedida x NCK

Con la sanción del decreto 527/05 el mandatario firmó también un pacto de no agresión con los pools empresarios que controlan los principales medios masivos de comunicación. El guiño, a pocos meses de los comicios legislativos de octubre, extiende por diez años el plazo de vencimiento de todas las licencias de radio y televisión. Igual que en la década del noventa, Daniel Hadad y Raúl Moneta, son los principales beneficiarios.

Al parecer, la pelea de Néstor Carlos Kirchner con la prensa local e internacional acaba de llegar a su fin. Las entretenidas réplicas desde el palacio de gobierno serán sólo una nota de color de los dos primeros de gestión, que concluyeron durante los festejos en conmemoración del Mayo revolucionario de 1810, con una norma a la medida de las necesidades comerciales de los conglomerados dominantes del sector comunicacional.

Como en tiempos menemistas, la suerte de los licenciatarios que operan en el espectro radioeléctrico quedó librada a la arbitrariedad del poder Ejecutivo. Al camino despejado en los ochenta por la dictadura con el decreto-ley 22.285 de radiodifusión, y consumado en los noventa gracias al santo oficio de Germán Kammerath entre otros apóstoles del desguase del Estado, le faltaba sólo el retoque del particular ‘populismo setentista’ en la era Kirchner, cuyo distribucionismo parece continuar las recetas de sus predecesores.

No por casualidad, el martes pasado en exclusivas declaraciones para Radio 10, el presidente se despachó contra el “movimiento piqueteril” ante dos exultantes Longobardi y González Oro, con la advertencia sobre prácticas sindicales y de políticas partidarias que operan en el fondo de los reclamos. Obviamente, distintas al proyecto del presidente y presentadas al diálogo radial como salidas de un repollo, con el simple objeto de falsear su relieve histórico y social.

La doble retórica del interventor del Comfer -órgano encargado de la aplicación de la ley 22.285-, Julio Bárbaro, confirma el cuadro de artimañas que favorecen a los medios más fuertes del sector.

En septiembre de 2004, por resolución 962 Bárbaro hizo lugar a un reclamo de ARPA y el grupo Clarín, para borrar con el codo la resolución 574 de mayo de ese año, en la que se proponía legalizar la situación de las emisoras con PPP (permiso precario provisorio) otorgado hasta 1989, cuando todavía Kirchner promocionaba la intención ejecutiva de normalizar el espectro y preparar el terreno para una nueva ley hecha en democracia.

Esta vez el nuevo decreto confirma el espíritu centralista y autoritario de la norma de 1980, curiosamente con similares argumentos a los de la época militar, en nombre de la “defensa de la cultura nacional”, entre otras obligaciones de poca claridad que deberán dar los licenciatarios como contraprestación.

Con las declaraciones de Kirchner en la radio de Hadad, queda confirmada que la oposición del gobierno a la adquisición de canal 9, del mencionado empresario en sociedad con el ex banquero Raúl Moneta, eran sólo fuegos de artificio. Que además de Carlos Menem, el presidente sigue los pasos de Eduardo Duhalde en la protección de multimedios amigos, como la llamada ley Clarín que impidió que por su endeudamiento -producto de la expansión oligopólica- el holding pasara a manos extranjeras, bajo pretexto de defender las industrias culturales nacionales.

Así el comandante del CEI y sus tripulantes del poder vuelven por más, primero porque las causas en su contra siguen en el frezzer judicial, segundo porque el canal que acaba de adquirir tendrá diez años más de aire y un reposicionamiento automático en el mercado, con horizonte más atractivo para la renegociación de una deuda que se encuentra en concurso preventivo.

Todo comenzó en enero por un pedido de Daniel Hadad -rechazado de forma por el Comfer-, para extender el plazo de licencia de 25 años -15 más 10- que finalizaba indefectiblemente en el 2009.

Con ésta actitud Kirchner no sólo capitaliza un espacio propagandístico peligroso para su continuidad en el poder. Acaba de conquistar también la imagen del cuerpo propio y superar la fase del espejo, cuyo reflejo y estructuración del yo no es otro que el de su identidad política. Yo Néstor, el nuevo Carlos… Kirchner.

(ARGENPRESS, 27/05/2005)

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