El periodismo y su hoja de ruta (tercera y última parte)

No todo texto con firma tiene relevancia pública. Los periodísticos, sí. De allí, es importante entender la lógica de funcionamiento de los medios y quiénes escriben en sus diversos soportes. La aparición reciente de los llamados blogs en Internet pone en escena un formato de construcción informativa que dista mucho en cumplir con las sólidas bases en la edificación de las noticias. Este problema pone a prueba una vez mas la fe de los lectores en la prensa y la buena fe de los periodistas ¿digitales?

Aunque no sea explícita, existe una distanciación obligada entre el medio como entidad, el soporte y quien redacta. La función hermenéutica -en términos de Paul Ricoeur- reside en éste último y ese plus interpretativo es la que le da un papel destacado para el resto de la sociedad. El periodista sintetiza con sus crónicas un doble movimiento: interpreta la realidad y motoriza los modos de comprensión de la misma, por estar en un lugar de articulación entre la agenda de los medios y la del público (véase la primera entrega).

De los medios hemos mencionado sus condicionamientos como fin último empresario; sobre los periodistas, merece una reflexión aparte -fuera de esta serie- el límite de la autocensura que rige su continuidad laboral. Pero lo cierto es que la innovación tecnológica es la que produce el cambio.

Las prácticas de consumo en Internet han generado como contrapartida en los medios masivos una alteración en el enfoque sobre la instancia productiva de su agenda diaria, en búsqueda continua de centralidad para el entorno social.

El quinto elemento

Con respecto al formato, mas allá de la discusión sobre si la práctica redaccional del blog es o no periodística, resulta pertinente dar cuenta de su intento de incorporación al discurso de los medios dominantes. Esta estrategia responde a un imaginario narrativo que entiende su apropiación al sistema de medios como un elemento que brindará mayor eficacia simbólica en su paquete de contenidos.

A modo de ejemplo, Clarín Digital presenta en su sito web una sección con el título “Blog” que no cumple otra función que la de las cartas de lector. Allí, ignotos desconocidos que gustan del medio dejan comentarios, banales por lo general, y que distan mucho de compartir la relevancia institucional del medio y de ser trascendentes para la opinión pública (véase: segunda entrega). En cada caso se trata de una opinión personal que reproduce un formato no periodístico y se torna de escasa importancia para el resto de la sociedad.

Otro es el caso de Daniel Tognetti, quien bajo el título “Blog: periodismo de autor” realizó un ciclo vinculado al género de investigación, asumiendo un rol tradicional de comentarista.

También la versión digital de La Nación incorporó una sección “Blog”, con figuras consagradas como el cocinero Martiniano Molina, quien antes de rasurarse la cabeza, daba recetas de cocina en el soporte digital.

La pregunta obligada frente a la polisemia del formato es saber si trata de un estilo de época en ebullición en busca de referencias temáticas, retóricas y enunciativas. Por ahora, es seguro que las opiniones vertidas en las diferentes empresas señaladas no constituyen un nuevo género, sino de una estrategia de marketing en un esquema de circulación informativa cada día mas segmentado y fragmentado.

Un extenso debate ya ha generado en el medio periodístico el mundo de los blogs. En el sitio web Fuera de Agenda, desarrollado por el periodista especializado en nuevas tecnologías Darío Laufer, puede encontrarse un interesante seguimiento del mismo.

Lo nuevo y lo viejo

La diferencia central entre la instancia productiva de los medios y la del bloggers es que los segundos se reproducen por vías de circulación colateral, no son masivos y no tienen una línea editorial rígida. Son muchos y distintitos. Como señala Laufer están “fuera de agenda”. Entran en las cuentas de correo por buscadores personalizados RSS (Sumario Enriquecido de Datos), tribus virtuales, redes de investigación y a veces en reenvíos sistemáticos. Todo al mismo tiempo y espacio.

Las afirmaciones surgidas en los blogs spots tampoco no reúnen por lo general las condiciones tradicionales del periodismo en términos de credibilidad. En su mayoría, se trata de declaraciones personales volcadas en un circuito comunicacional de circulación periférica y que no dejan huellas en el tejido social, mas allá de un virus de computadora o la grabación de algún desconocido asoleándose en la terraza durante la época estival, lo cual no es periodismo sino puro exhibicionismo.

Los blogs son débiles y fuertes. La presencia del blog del momento dura apenas horas o días en la agenda pública; sin embargo, tienen la potencia para torcer rumbo de la agenda de los medios.

El temor erudito de escritores y periodistas consagrados es un signo de buena salud. Incluso, duplica su importancia que sea el formato elegido por algunos de ellos para salirse de las agendas corporativas.

Lo crudo y lo cocido para el periodismo. Mitos y realidades. Lo dicho y lo por decir. Todo entra en la blogosfera con la sólo simple mediación de una plantilla gratuita.

Probablemente, en algún momento de Internet varíen los códigos de circulación de contenidos, con privilegio en el hedonismo -por cierto, muy parecido al de los escritores consagrados-, y establezca principios de credibilidad mas firmes. Ese ya será un signo de buena salud para los blogs y para la sociedad toda. Habrá que observar, entonces, la nueva síntesis entre lo viejo y lo nuevo. Su aquí y ahora irreversible. (Fin)

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