Ciberespionaje, ¿made in Estados Unidos?

Finalizada la Segunda Guerra Mundial y luego de trabajar para las fuerzas armadas de Estados Unidos en guías de radadización para baterías antiaéreas (hoy conocidas como escudos antimisiles), el matemático estadounidense Norbert Wiener presentó en 1948 la primera versión de su teoría cibernética.

Según explican Armand y Michelle Mattelart en Historia de las Teorías de la Comunicación (Paidós, 1997), el también profesor universitario  vislumbraba una sociedad futura creada sobre una nueva materia prima: la información.

Wiener pensaba que a mayor grado de información en sistemas conformados por redes de máquinas interconectadas se podría generar un equilibrio tal que contribuiría a fortalecer las democracias y, en esa utopía, evitar nuevas guerras.

Agenda Digital (Télam)

Sobre la Sociedad de la Información Wiener no se equivocó. Sin embargo, la reciente revelación realizada por el laboratorio ruso de seguridad informática Kaspersky sobre el gusano Stuxnet, desarrollado por la gestión Bush en 2006 y sostenido de forma solapada por su sucesor Barack Obama -según revelaciones del diario New York Times- muestra también la eficacia de la cibernética en el uso bélico sobre sistemas informáticos. En especial, los de Irán y otros enemigos públicos de Estados Unidos en Oriente Cercano.

A esta obra de la nueva ingeniería bélica, se le sumó hace algún tiempo un virus llamado Flame. Vale destacar que mientras Stuxnet entorpece el normal funcionamiento de un sistema, su par actúa como un programa ciberespía.

Detrás de Stuxnet, expertos en seguridad  explicaron que el descubrimiento del otro software malicioso no sólo puede ralentizar el programa nuclear de Mahmud Ahmadineyad o cualquier otro gobierno considerado como una amenaza global. Según el periódico especializado The Christian Science Monitor, el Flame es capaz de tomar imágenes de pantalla y registrar el audio de las computadoras infectadas.

Estos son sólo los resultados de la fase inicial del análisis funcional de ambos virus, y se cree que por su expansión y complejidad  puede costar años deshacer el daño.

Sin vacuna a la vista y con la capacidad de contagio por un dispositivo USB, Bluetooth o la simple interconexión a una red, el programa espía podría incluso activar el micrófono interno de una computadora para interceptar comunicaciones de voz, además  de borrar datos, violar correspondencia electrónica, chats o registrar tráfico, explica Mark Clayton en el mencionado periódico digital.

Flame no se distribuye de manera indiscriminada como Stuxnet. Busca blancos específicos, elige puertas traseras y resulta impracticable usar parches de ingeniería inversa.

Según los analistas antes mencionados, el gusano Stuxnet sembrado a la par que Flame es sólo una mínima parte frente a un programa de 20 megas que lejos está de ser una bomba de libertad, como imaginó Wiener para la sociedad contemporánea.

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