Agendas de nación, agendas del público y agenda de los medios

Un acercamiento desde las Ciencias de la Comunicación en tiempos de post-fordismo

Relevar el estado de situación de la prensa tradicional y su convergencia hacia soportes digitales implica examinar éstos nuevos espacios de circulación de sentido como un factor ineludible para los estudios en comunicación.

Los agregadores de redes sociales, incorporados como herramientas de interacción entre medios y audiencias, presentan cambios en las rutinas productivas profesionales y, especialmente, sobre los criterios de validación de las fuentes informativas.

Repensar las formas propiciadas por el periodismo para articular la realidad permite dar cuenta de fenómenos marcados por representaciones fragmentarias e instancias de conformación de identidades instantáneas -en directo- que privilegian el valor de la conexión al valor de la información, lo cual afecta en algunas circunstancias la importancia dada a los contenidos.

Este escenario de naturaleza abstracta e inasible obliga a plantear al menos tres cuestiones: cuál es la responsabilidad del periodismo en tanto actor privilegiado en los procesos de conformación de opinión pública; qué se entiende por periodismo de calidad; y, cómo las estéticas de lo inmediato predominantes en la sociedad del infoentretenimiento pueden propiciar procesos colectivos en la conformación de identidades.

Esta es una de las reflexiones pendientes -no pocas veces perdida en la distancia hermenéutica entre la academia de la vida real- al momento de iniciar balances sobre los recorridos y perspectivas, en un campo que ya no debe incurrir en parricidios simbólicos para proponer conceptos y teorías autónomas, luego de un cuarto de siglo de trayectoria en la Universidad de Buenos Aires.

Ponencia presentada en las Jornadas Académicas y de Investigación: “Recorridos y Perspectivas”. Homenaje a Nicolás Casullo y Aníbal Ford, Carrera de Ciencias de la Comunicación, Universidad de Buenos Aires, 2 y 3 de diciembre de 2010.

1. Problemas de neutralidad en la red

El fenómeno de las redes sociales y su acelerado uso por empresas, audiencias y políticos, abre algunas incógnitas en la ya compleja actividad periodística. Entre otras, la acentuada interdependencia que  encuentra en el microblogging una fuente informativa de novedades locales que emergen de las redes sociales.

Aquella tendencia universalizadora de la industria cultural propiciada por la incorporación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC`s) en la vida cotidiana habilita estándares de un continuo informativo que replica simultáneamente en diversas partes del mundo.

Así, tanto las agencias de noticias como algunos medios de proyección internacional proponen agendas globales que son reproducidas en los medios locales y generan efectos  de “mediatización extendida” (Thompson, 1998). La inmediatez del acontecimiento suele ceder al doble chequeo de fuentes y unos medios se sirven de otros para replicar noticias.

Esta mala costumbre de reproducción autorreferencial, en donde la urgencia en los medios masivos elimina instancias y procesos de validación, parece haber abierto un espacio intersticial que permite a las redes sociales transformarse en fuente informativa, sin estar catalogadas medios masivos -desde el punto de vista normativo-.

Así, las propias redes sirven como elemento de contrastación de un verosímil creíble y son tomadas como fuente primaria para la construcción de lo real.

Aquí se presenta una primera ruptura. Ocurre de una forma tautológica en la que los valores de verdad están definidos de antemano y por simple redundancia. El retwitteo o el compartir en comunidad la elección “me gusta” son acciones fundentes de esta nueva valorización de la información por parte de los usuarios de Internet, cuyos contenidos han sido incorporados en el ámbito periodístico con una doble función: como fuente (en recepción) y como herramienta estratégica de comunicación corporativa (en producción).

Esta segunda instancia apropiada por agentes de prensa y políticos -en constante búsqueda de visibilidad- ha generado un salto (gap) en las agendas de los medios. No sólo altera las rutinas productivas de la producción periodística. También produce un distanciamiento entre lo universal y lo particular, cuando los medios compiten por fidelizar audiencias o impactar como formadores de opinión pública en su ámbito de difusión.

Una mirada de estos particularismos permite desglosar las agendas de país muchas veces sublimadas por la agenda de los medios y reconocer que no hay neutralidad en la red, a pesar de aquellas miradas utópicas de Norbert Wiener sobre la cibernética1 aplicada a la democratización de la sociedad, luego de la segunda guerra mundial (Mattelart y Mattelart, 1995; Martini, 2000).

2. Responsabilidad de la palabra

La notoriedad del conflicto entre empresas periodísticas y el gobierno, tras la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (Nº 26.522) y la batalla pública sobre la conformación societaria Papel Prensa -entre otras, que implican a diversos sectores económicos concentrados, con especial atención en el Grupo Clarín- trasparenta intencionalidades antes veladas, tanto en el ámbito privado como en el público.

Estos acontecimientos anidados en un momento histórico de reconfiguración estructural del poder político, vislumbra un estilo de época  movilizado por el discurso polémico, que presenta  en las adecuaciones redaccionales de la prensa sus estrategias de posicionamiento.  En otras palabras: las modalidades del decir en las redes sociales, incorporadas al discurso político trascienden las fronteras de las social network; y, con ellas, el permiso a declaraciones agraviantes, malos entendidos e imputaciones de delitos.

En esta proximidad a la red no importan tanto los elementos probatorios sino la escenificación del conflicto. El show mediático prevalece como acontecimiento mismo y la conectividad tiene principal importancia, en detrimento de la responsabilidad de la palabra en la selección de contenidos.

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La corriente de los estudios culturales latinoamericanos encontró en el melodrama televisivo ciertos aspectos de la memoria narrativa (Martín Barbero, 1987), poco visibles -por la dispersión de los tiempos de larga duración- pero naturalizados como un emergente cultural concreto.

A pesar del carácter  fragmentario de las redes sociales como Facebook y Twitter, la corta duración parece encontrar un nuevo melodrama en 140 caracteres. Su atractivo: el suspenso de un “continuará…” que pone a sus protagonistas en un momento triunfal del relato, asociado a la espectacularidad de la polémica y a la promesa de un carrusel de sorpresas infinitas.

En esta ocasión los usuarios con seguidores o membrecía privilegian la distancia predicativa de la polémica para descalificar a sus adversarios políticos con un blanco definido y búsqueda de efecto inmediato.2

Lo cierto es que los datos que circulan por esos canales virtuales de comunicación no convencional producen conexiones inesperadas, que en lugar de tornar sus textos efímeros, pueden ingresar al circuito de los medios masivos tradicionales -en cualquiera de sus soportes- y transformarse en fuente.

Esta novedad subvierte el orden interpelante–interpelado entre medios y audiencias, subsume al análisis del discurso y obliga a revisar cómo se establecen los “contratos de lectura” (Verón, 1985) que, a diferencia de aquellos estudios centrados sobre el papel, hoy deben anexar los cláusulas preexistentes surgidas de las redes sociales, que no negocian e ingresan de manera indirecta en el newsmaking la agenda noticiosa.

En el sitio del diario Perfil dedicado a Twitter: 140, una breve columna del diputado Fernando Iglesias (Coalición Cívica) sintetiza en una breve columna su fascinación por la red social:

“Twitter me gusta porque es una extraordinaria herramienta de comunicación, por su simultaneidad y porque me obliga a extraer el núcleo de lo que quiero   decir y ponerlo en 140 caracteres. Me obliga a razonar sobre mis propios pensamientos para poder utilizarlo.

“Algo que me divierte también son los `twitterforajidos´. Estos no son una categoría política y no se refiere a ningún sector político nacional, aunque el sayo les calza perfectamente más a unos, que a otros.

Twitterforajidos es una característica de fidelización que define a quienes se comportan como forajidos en Twitter, derrochando insultos y agresión sobre los que piensan diferente.”

¿Por qué me gusta Twittter?, por Fernando Iglesias, en www.140.com, http://140.perfil.com/2010/10/03/%C2%BFpor-que-me-gusta-twittter/

El  impacto de la agenda de los medios en la opinión pública persiste como tema de preocupación para políticos que proponen su agenda de país y empresarios que imponen su agenda de intereses sectoriales, dispersos en complejas relaciones empresarias.

Tal vez este escenario resulte incómodo para aquellos periodistas -idealistas- con vocación de mantener una independencia relativa a los intereses de su espacio laboral, pero permite sacar una muestra para trazar puntos de contacto y divergencia de un nuevo mapa de medios y relaciones de poder.

El siglo XX tuvo a la prensa gráfica y a los medios audiovisuales como elementos integradores de una modernidad, con fenómenos culturales propios y lógicas de institucionalización complejas.

La prensa rioplatense fue facciosa hasta su profesionalización definitiva, con la llegada del matutino Crítica, en 1913 (Rivera, 1995). Desde entonces, los medios que lograron cierta continuidad negociaron su agenda con el poder político, sea en épocas de democracia, proscripción o dictadura.

Una nota al margen debe darse a la circulación de periódicos insurgentes o clandestinos, pero lo cierto es que el siglo pasado institucionalizó a los medios como agentes formadores de opinión.

En un singular trabajo, Ricardo Sidicaro (1993) recorrió ochenta años -entre 1909 y 1989- de notas editoriales publicadas por el diario La Nación. Su objeto de estudio observó la constante regularidad de momentos de negociación con el poder de turno para garantizar la subsistencia económica del medio, a pesar de mantener siempre en su impronta una identidad con su público del tipo liberal-conservadora como “tribuna de doctrina”. Otra es la historia con destino trágico de las distintas experiencias periodísticas desarrolladas por Jacobo Timerman: Primera Plana, Confirmado y La Opinión (Borrat, 2006; Mazzei, 1995), golpista en los sesenta y víctima en los setenta de aquella violencia política dirigida por el militarismo exacerbado que bloqueó, desde 1955, la expresión y avance del campo popular.

Hacia fines de la década del 80, la convergencia tecnológica y la desregulación del sector comunicacional permitirán que el llamado cuarto poder ocupe un lugar de mayor relevancia, no sólo como actor político sino económico, por su tendencia creciente a la concentración conglomeral. Nacen los multimedios y, sobre la bandera de la democracia  se construye un nuevo mapa de medios que logró una resguardo ilusorio de su pasado reciente.

Luego de matrimonios y divorcios entre la industria cultural y los políticos de profesión un nuevo romance  pareció florecer en 2005, con el decreto presidencial 527/05, que extendió por 10 años la explotación de las licencias de radiodifusión.

Sin embargo, en 2007, por razones aún inciertas, aquel recurrente juego de contrapesos mostró lo más brutal de cualquier separación. La memoria de archivo sacó de las parrillas de la industria gráfica todo lo que el periodismo consideraba no publicable y el gobierno a recorrer el pasado sus nuevos adversarios.

Lo curioso del caso es que para ese mismo año comenzó a multiplicarse la generalización de agregadores de búsqueda sociales por Internet, y que tres años más tarde el comportamiento reticular de esas redes sintetizaría el clima de época en Twitter de batallas épicas y no tanto, con anclajes en la lucha por los derechos humanos y en acusaciones cruzadas ajenas a la retórica periodística.

El fenómeno muestra la incorporación inmediata en los medios masivos institucionalizados, las publicaciones de los referentes políticos en canales no institucionalizados como Twitter o Facebook.

Todo esto cuando América Latina discute la institucionalidad democrática, con fenómenos dispares de particularismos mediáticos y una tendencia general a la confrontación, en un contexto de mayor centralidad del campo popular en la región.

Los medios apocalípticos y los integrados enfocan desde lo espectacular de la innovación aplicada a la polémica posiciones opuestas.

¿Qué hacer -además de armar un nutrido archivo de historias de vida y de muerte- para comprender la realidad?

Diversos formatos televisivos han tenido cierto éxito en la elaboración de resúmenes tendenciosos para mostrar la cara oculta de su enemigo, y sostener desde allí una verdad revelada.

El primer intento de leer todos los diarios nacionales y escuchar la multiplicidad de voces propiciada por la nueva ley de medios puede resultar tentador para elaborar una síntesis. El problema es recortar el objeto y reconocer, en su polifonía, las subjetividades dominantes de un momento histórico.

3. Pertenencia disciplinar del campo comunicacional y su aporte a la comunidad

Para la academia sería insistir en el error replicar posiciones ideológicas sectarias que devengan en fundamentalismos políticos. La experiencia religiosa en las monarquías feudales dejó con la Inquisición  una historia irreversible de asesinatos. Luego otras versiones remozadas del integrismo católico dejarán recuerdos cercanos a complicidades de facto, especialmente en España y Latinoamérica.

El campo de las ciencias de la Comunicación es joven y se ha servido de múltiples saberes para componer teorías muchas veces en disputa.

Aunque con tradiciones teóricas adversas, la semiótica junto a las corrientes empíricas propias de las corrientes funcionalistas tal vez constituyan una base herramental para avanzar, desde las ciencias sociales, en la comprensión del campo comunicacional.

Este desafío permite pensar en la integración metodologías de corte empírico cuantitativo con el análisis cualitativo más cercano a la teoría crítica.

La vacancia de una tradición empírica y carencia de recursos económicos para la realización de trabajos cuantitativos, son deudas aún pendientes  que imposibilitan correlaciones aplicables al diseño de políticas públicas, que ayuden a comprender las polémicas visibles en los medios masivos.

Esa distancia reclama al campo intelectual una deuda con el presente, y en muchos casos deja libre al ámbito de la educación universitaria privada el diseño de modelos que desconocen, la complejidad y el relieve sociológico de las ciencias sociales, por su perfil netamente profesionalista.

¿Cuál es el lugar de las Ciencias de la Comunicación y su pertenencia disciplinar?

En principio el de aproximarse a sujetos afectados por los modelos institucionales y organizacionales en los que las TIC`s se han convertido en elementos esenciales del actual modo de producción capitalista.  También  el de acercar conclusiones para reconocer las formas de legitimación que revisten sus mecanismos de interacción constante y en donde los actores sociales no sin imparciales.

En el caso particular del cruce entre periodismo y nuevas tecnologías existen aportes significativos.

La corriente funcionalista de la que es deudora la teoría sobre el “establecimiento de agenda” (McCombs, 2006) se preocupa por el repertorio  y la relevancia de la mediación periodística en los mecanismos de fijación de agenda.

Un aporte novedoso para el estudio de los medios suma la teoría del framing, que toma de las sociologías interpretativas -como la antropología simbólica, la etnometodogía e, incluso, la fenomenología- y las relaciones intersubjetivas algunos elementos para construir un andamiaje empírico capaz de cuantificar encuadres cognitivos sobre los que se contextualizan ciertos patrones persistentes (Aruguete y Zunino, en Luchessi, 2010: 48) y ausencias relevantes.

En este sentido las redes sociales pueden resultar un elemento de medición útil para dar cuenta de aquellos baches en los estudios sobre la opinión pública que Noelle-Neumann observó en diversas encuestas electorales y que denominó “espiral de silencio”, caracterizada por la tendencia individual a no contestar cuando el consultado se supone parte de una minoría.

No obstante el cruce mencionado -entre metodologías adecuadas al estudio de los medios- necesita incorporar la experiencia del análisis reticular en el ámbito de las redes sociales, dada la tendencia y cumplimiento parcial de algunos planteos sistémicos en la economía de la información, entre los que se destacan las leyes de Gordon Moore y la de Robert Metcalfe.

Esta última indexada en la capacidad de crecer exponencialmente según la cantidad de integrantes de un sistema, elevando su número al cuadrado, gracias al abaratamiento de costos en economías de escala y multiplicación de la capacidad de procesamiento de datos de las computadoras anunciado por Moore cada 18 meses.

Forzar el estado de arte de las corrientes mencionadas implica no pocos riesgos y desafíos para elaborar nuevas perspectivas de análisis, pero permite la abrir recorridos hacia metodologías que escapan al integrismo académico y su torre de cristal.

Sobre el valor de la verdad y los criterios de calidad periodística es posible encauzar al análisis empírico antes mencionado en la propuesta hermenéutica -que no entra de ruptura con los estudios culturales- de la filosofía interpretativa recuperada por Hans Georg Gadamer (1992), cuando el filósofo alemán se interesa (para interpretar el mundo) por “el acontecer lingüístico de la tradición” y el encuentro hacia las condiciones relacionales de la transmisión no determinadas en el objeto textual.

En este sentido la búsqueda de verdad y la respuesta fenomenológica permiten una distanciación sobre los intereses del Estado y el mandato de la opinión pública, donde los criterios de certeza son para Gadamer los que miden el conocimiento (también sus ficciones, mentiras y engaños), como des-ocultación de múltiples posibilidades discursivas.

En esta relación dialéctica existe un horizonte situacional  -en síntesis constante entre pasado y presente-, una temporalidad abstracta envuelta en formatos cambiantes que anudan los textos.

El periodismo ocupa un lugar intermedio entre el saber y el no saber (entre la ciencia y la no ciencia). Un acercamiento que incorpore los prejuicios que anteceden toda valoración periodística invita a reconocer la trascendencia del periodismo de calidad, como un espacio que ejerce influencia pero capaz de evitar la tentación de manipular a los lectores retomando la distancia entre verdad y certeza. Lo cual invita nuevamente a poner el foco sobre las fuentes y su validación.

4. Conclusiones

Los recorridos y perspectivas posibles de un campo comunicaciones ligado a las ciencias sociales tienen la oportunidad de establecer, por la impronta de la revolución digital, el diseño de políticas públicas concretas, elaboradas desde un campo intelectual que debe aún superar las barreras de salida de estudios endogámicos y sus consecuentes barreras de entrada a su presente histórico.

En tiempos de una modernidad global, al fordismo (de Aníbal) debe reconocerse en sus Navegaciones (1996) la lectura crítica de los problemas locales omitidos por las tesis funcionalistas del difusionismo. Pero también resulta necesario reconocer los aportes de algunos de sus autores y su esfuerzo por superar los errores de la teoría del derrame esa tendencia a olvidar el contexto y la obtusa postura de causalidades mecánicas. Los estudios sobre el “establecimiento de agenda” resultan fecundos en la medición de los impactos de los medios sobre la opinión pública pero son restringidos.

Tales aportes permiten dar cuenta de sociogramas y elementos metodológicos, que sumados a la conceptualización de las relaciones de poder en una sociedad en red den cuenta de un orden político -sobre el cual el campo intelectual debe recuperar un rol activo- y cultural de reconocimiento sobre las estructuras organizativas e institucionales.

Se ha mencionado la teoría del “encuadre” como alternativa empírica que recupere la intersubjetividad y el interaccionismo simbólico como elementos constituyentes de “lo real”; y la potencialidad de reformular el análisis del “contrato de lectura” sobre todos aquellos elementos que construyen la escena comunicativa -más allá de la prensa gráfica-, con el desafío de incorporar la figura de la red a las ciencias cognitivas

La canalización no institucionalizada de las redes sociales por dirigentes que ocupan posiciones centrales en la institucionalización política de los gobiernos es un emergente  sobre los que el periodismo y las nuevas tecnologías ocupan un rol de bisagra y articulación cultural. Este objeto de estudio pone en releve que no son excluyentes el análisis de contenidos y sus rutas o plataformas de distribución. Así, las fuentes legitimadoras de lo social y sus formatos son la puerta de entrada para jerarquizar los estudios en comunicación cuando se trata de comprender el lugar desde donde situarse para interpretar la realidad, a la que algunos le asignan valores de conocimiento verdadero.

Notas:

1 Para el matemático estadounidense la cibernética se guía por principios físicos aplicables a la complejidad del sistema social y está enfocada en reconocer aquellas funciones de control y comunicación -sobre fenómenos internos y externos del mismo- que les permitan servir de “timón de mando”. Su desarrollo científico -financiado por las fuerzas armadas estadounidenses- encontró en la creación de artillería antiaérea un descubrimiento de correlaciones lógicas basadas en los principios de retroalimentación o feedback, que serían imaginados desde el punto de vista sociológico como fundamentos, que usados para la paz abrirían caminos de equilibrio informativo y sociedades democráticas. Sin embargo, su uso militar siguió un recorrido inverso, con el desarrollo del Programa de “escudo antimisiles” (ABM) que multiplicaron la alzada armamentística desde la primera administración de Geroge W. Bush, en 2000.

2 No intentan conmover con pruebas subjetivas, reservadas al documental televisivo “Papel Prensa: la historia”; o convencer mediante la presentación de pruebas en el Informe elaborado por la Secretaría de Comercio Interior “Papel Prensa S. A. La verdad”, elevado ante la justicia tras una larga alocución presidencial.

Bibliografía

Borrat, Héctor (2006): Periódicos: sistemas complejos, narradores en interacción / Héctor Borrat y Mar de Fontcuberta, Buenos Aires, La Crujía, pp.360.

Ford, Aníbal (1996) [1994]: Navegaciones, Buenos Aires, Amorrortu, pp.244

Gadamer, Hans Georg (1992): “¿Qué es la verdad?, en Verdad y Método, vol. II, Salamanca, Sígueme, pp. 51-60.

Martín Barbero, Jesús (1987): De los medios a las mediaciones”, México,  Gustavo Gilli, pp. 229.

Martin, Stella (2000): Periodismo, noticia, noticiabilidad, Buenos Aires, Norma.

Mattelart, Armand y Mattelart, Michèle (1997) [1995]: “La referencia cibernética”, en Historia de las teorías de la comunicación, Barcelona, Paidós, pág. 46.

Mazzei, Daniel Horacio (1995): “Primera Plana. Modernización y golpismo en los sesenta”; en Historia de las revistas argentinas, Buenos Aires, Asociación Argentina de Revistas, pp.11-36.

McCombs, Maxwell (2006): Estableciendo la agenda, Buenos Aires, Paidós, pp. 290.

Luchessi, Lila (comp.) (2010): “El encuadre de las noticias”, en Nuevos escenarios detrás de las noticias, Buenos Aires, La Crujía, pp. 37-50.

Rivera, Jorge B. (1995): El periodismo cultural; Buenos Aires; Paidós; pp. 217.

Thompson, John B. (1998): Los media y la modernidad. Una teoría de los medios de comunicación; Buenos Aires; Paidós; pp. 357.

Sidicaro, Ricardo (1993): La política mirada desde arriba. Las ideas del diario La Nación (1909-1989), Buenos Aires, Sudamericana, pp. 545.

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